
La muchacha dice "NO". Rotundo. Fulminante.
Y ese NO viaja de su boca para clavarse en mi pecho, atravesar el esternón e introducirse en el ventrículo derecho de mi corazón para extenderse, bombeado, con mi torrente sanguíneo. Doy media vuelta y desaparezco calle abajo. Aturdido por el [considero] extraño veneno que corre por mis venas, voy dando tumbos por las aceras hasta el primer consultorio médico que encuentro. Mi turno. Entro en la consulta y el médico se asusta de mi lividez. Raudo me ayuda a sentarme en una silla.
¿Qué le ocurre? –pregunta a la par que saca una pequeña linterna del bolsillo de su bata. Me han envenenado –respondo sintiendo la boca arenosa. ¿Y por qué supone que le han envenenado? ¿Le han ofrecido algo, una droga quizás? -me interroga mientras examina mi lengua con el palito de madera. Ella me ha dicho NO –cierro los ojos durante unos segundos. Ah, se trata de eso… Bueno, no se preocupe, tiene solución. Le administraré una inyección de “Positivium” para contrarrestar el efecto. Podría haber sido peor. El QUIZÁS, mata lentamente.
¿Qué le ocurre? –pregunta a la par que saca una pequeña linterna del bolsillo de su bata. Me han envenenado –respondo sintiendo la boca arenosa. ¿Y por qué supone que le han envenenado? ¿Le han ofrecido algo, una droga quizás? -me interroga mientras examina mi lengua con el palito de madera. Ella me ha dicho NO –cierro los ojos durante unos segundos. Ah, se trata de eso… Bueno, no se preocupe, tiene solución. Le administraré una inyección de “Positivium” para contrarrestar el efecto. Podría haber sido peor. El QUIZÁS, mata lentamente.
Aunque no soy partidario de celebrarlo, feliz San Valentín a todos y todas que tengan inoculado en vena sus propios SI, NO y terribles QUIZÁS.

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