miércoles, 11 de febrero de 2009

RETORNO


Anoche me visitó mi mentor: Edgar Allan Poe. Su sombra se deslizó bajo la puerta del dormitorio hasta llegar a los pies de mi cama. A un tirón de manta me desarropó y zarandeando una de mis piernas consiguió despertarme. Eh... yo te conozco. Eres... Poe. ¿Pero qué haces aquí? –pregunté somnoliento y bastante asombrado. Con un gesto me indicó que le acompañara hasta el salón. Se sentó en el sillón situado frente al ventanal y me invitó a que yo ocupara el sofá cercano. ¿A qué has venido? ¿Qué quieres de mí? Entonces metió su mano es uno de los bolsillos de su traje y sacó mi pequeña libreta. Tras ojearla la dejó abierta sobre la mesa indicando con su afilado dedo que escribiese. ¿Escribir? ¿Qué quieres que escriba? Además, llevo bastante tiempo sin hacerlo. Me resulta difícil… Con gesto severo me mandó callar y volvió a señalarme la libreta. Pero no puedo. No puedo. Es tan complicado expresar… todo. Reconozco que la cabeza me bulle pero no me atrevo a enfrentarme a la página en blanco… Se mofa de mis palabras, de mí. Antes conseguía hilar una frase tras otra pero ahora me frena, me ahoga. No creo que pueda hacerlo… es más, quizás no debería intentarlo nunca más. Que desaparezcan dentro de mi cabeza junto conmigo y que… Como un resorte se incorporó del sillón a la par que un relámpago flasheaba la ventana y con su mano me tapó la boca. Sacó una vieja pluma y ofreciéndomela volvió a indicar que escribiera. Pensándolo bien… quizás debería intentarlo. Supongo que aún tengo algo que decir y confieso que es un error no hacerlo… Y en ese momento, por fin me interrumpió para decir sus únicas palabras: NEVER MORE. Tras el siguiente relámpago, de súbito desapareció y a través de la ventana pude ver alejarse a algo parecido a un cuervo negro.


El 19 de enero de 2009 se cumplió el bicentenario del nacimiento de Poe. Que mejor recordatorio para hacer que vuelva a reencontrarme con la escritura. Nos vemos aquí.

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