martes 17 de febrero de 2009

Tatuaje reversible


Y se deshizo en lluvia de letras plasmadas en la pared. Había comprendido que no podría poseerla de otra manera. Saboreé cuanto pude ese último beso de labios tatuados, aferrado a sus brazos. “Te esperaré” le dije mientras ella acariciaba por última vez su nombre impreso en mi muñeca. Sus lágrimas surcaban sus mejillas como sorteando los trazos de colores que inundaban su rostro. Volvió a suplicarme: “Déjame ir, por favor”. Y arranqué la hoja del cuaderno. No quería que desapareciera, pero en mi interior sabía que retenerla más tiempo no llevaría a nada. Lo nuestro siempre será idílico, etéreo. De alguna manera quería asemejarme a ella y sentir aquella tinta fluir en mi interior, al igual que ella quería experimentar el placer de transmitir algo suyo a una hoja de papel. “Mira, me he tatuado tu nombre: Musa” le indiqué mostrándole mi muñeca. En el fondo ninguno de los dos comprendía porque debía permanecer más tiempo a mi lado. “Pero no puedes terminar. Eso supondría perderte. Y no estoy dispuesta a permitirlo. Sé que esto es muy importante para ti, pero te aseguro que volveré” me recriminó arrebatándome la pluma de la mano. Le expliqué que aquella tarde acabaría de escribir su historia, pues se había convertido en una obsesión desde que ella me había encontrado. Sentía haber disfrutado tanto conociéndola, acariciándola, pero sobre todo, contemplando su cuerpo, ahora tatuado por completo. Aún recordaba la primera vez que la desnudé: desde su cintura ascendían los trazos, algunos sombreados y otros coloreados de rojo y azul, hasta donde moría su cabellera rubia. Mis dedos dibujaron su espalda como si fueran el instrumento perfecto que inyectaba la tinta dentro de su piel, a pesar de que aquellos dibujos fueran creciendo día a día, sin intervención externa alguna. Incluso creo que me había enamorado de aquellos trazos justo en el momento en el que, graciosa, me enseño aquella foto suya de la infancia donde aparecía, aún siendo bebe, con los brazos y una pierna tatuada.
“He nacido así” me explicó. Desde que salió del vientre de su madre, Musa fue tatuándose a sí misma. Era como si por sus venas recorriera la tinta que iría recubriendo su piel en dibujos extraños y bellos. Es nuestra historia. La historia de ella, mi amada, la que voy a plasmar en el cuaderno.

Tal y como hace suponer el título, el texto también es reversible, puede leerse del revés, es decir, de abajo a arriba. Así es posible que se entienda mejor, o al menos, eso es la intención que he llevado al escribirlo. Espero que me haya salido el experimento :-)