miércoles, 11 de marzo de 2009

Alumbramiento


El último mechón cayó sobre la pequeña montaña de pelos en el suelo. Apagó la máquina de cortar pelo y se miró en el espejo, complacido al ver la imagen [ahora] de un hombre desnudo de tez blanquecina y cuerpo imberbe. Cada vez estaba más cerca de su objetivo: sentir de nuevo aquello que hacía bastantes años acabó en el recuerdo. Disfrutaría de la repetición de su niñez, de su periodo de lactancia, incluso de su nacimiento.
Con esta idea abrumando su cabeza, regresó a la habitación y volvió a comprobar si las cuerdas de los extremos de la cama sujetaban fuertemente las manos y piernas abiertas de ella. Ahora quedaba lo más difícil: regresar al vientre de su madre.

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